#AlbertvsPablo, como hemos cambiado

Enviado el 20 Octubre, 2015 en Actualidad | Sin comentarios (aún)

Cuando el domingo pasado me senté ante el televisor dispuesta a ver el inicio de la nueva temporada de Salvados, no era consciente de que la próxima hora iba a hacer historia. Porque, independientemente de lo que dijeron Albert Rivera y Pablo Iglesias o de lo novedoso de sus programas y sus ideas, lo que vimos es una muestra de lo mucho que están cambiando las cosas.

Un programa político alcanza un 25% de share un domingo por la noche en prime time. ¿Quiere esto decir que a los españoles vuelve a interesarnos la política, que nos morimos por creer que el bipartidismo ha muerto o que Jordi Évole es un crac y la publicidad previa que le hizo al evento fue impecable? ¿Quizá un poco de las tres cosas?

Aceptamos debate enlatado como animal acuático. Si hubiesen sido Mariano Rajoy y Pedro Sánchez los protagonistas del cara a cara, las críticas porque no se hubiese producido en directo se hubiesen oído hasta en Pernambuco. Pero a nadie parece preocuparle que así haya sido. ¿Somos más benevolentes con los nuevos? ¿Nos parecieron tan sinceros que no dudamos en que sus palabras fueron editadas con ecuanimidad? ¿Confianza ciega en la profesionalidad de Évole y su equipo?

El hashtag #AlbertvsPablo arrasa, superando incluso la audiencia de #GH16. Esto me ha encantado. Que ni siquiera los apasionados seguidores de la casa de Guadalix consiguieran superar en redes sociales a los que preferimos el cara a cara sí que es histórico. Ojalá se repitiese más a menudo.

Cerca de un millón de usuarios generamos 290.000 tuits. Hasta yo misma, inmigrante digital de pro, me sorprendí con un ojo en Twitter y otro en la tele, deseando comentar lo que estaba pasando. Sí que hemos cambiado, sí.

De Manuel Campo Vidal en los noventa a Jordi Évole en los dosmiles. Todos, o al menos los mayorcetes, recordamos el histórico debate Felipe-Aznar. Nos acordamos de que se pactó lo inimaginable antes de celebrarse y que el moderador, Manuel Campo Vidal, se vio obligado a cumplir mil y un condiciones. Y esta vez Évole los arrastró hasta un bar de barrio, se sentó en el centro y se sintió libre de interrumpir cuando lo creyó conveniente. De acuerdo que esto no hubiese ocurrido si Rajoy hubiese sido uno de los debatientes, pero de algún modo la frescura lograda va a poner el listón muy alto a los que vengan detrás, aunque el debate obligatorio vaya en sus programas electorales…

Ya se ha discutido hasta la saciedad y en todos los medios y tertulias sobre quién ganó, quién estuvo más oportuno, quién aprovechó mejor para colar sus mensajes, quién dijo más tacos… Independientemente de todo ello, lo que está claro es que este cara a cara muestra el signo de los tiempos, los cambios tan profundos que está viviendo nuestra sociedad. Yo creo que para bien. ¿Y tú?

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