Me preocupa mi pensión. ¡Asústennos, por favor!

Enviado el 29 julio, 2016 en Actualidad, Portada | Sin comentarios (aún)

Me preocupa mi pensión. ¡Asústennos, por favor!

Me voy de vacaciones. Y hasta que el sol, el aire, el mar, las siestas y los tintos de verano me reseteen (benditos sean), me voy preocupada. Y no es porque España no tenga Gobierno, me inquieten las consecuencias del Brexit, pueda ganar Trump o el Estado Islámico nos tenga a todos atemorizados. Me preocupa mi futuro. Y no el inmediato, sino el que hasta hace muy poco me empeñaba en ver muy lejos. Me preocupa mi pensión.

¿Por qué de repente? Ahí van diez datos que os ayudarán a entenderlo:

  1. La esperanza de vida de los españoles se encuentra entre las más altas de la Unión Europea: en 2014, el 18,1% de la población era mayor de 65 años.
  2. Nosotras se supone que vamos a vivir hasta los 85 y muchas se quedarán viudas, porque ellos fallecerán supuestamente a los 79. Algunos llegarán a los 100 si la esperanza de vida no retrocede.
  3. Los jubilados españoles cobran una pensión media de 975 euros al mes. Los que acaban de retirarse perciben 1.280 euros, aproximadamente un 71% de su último salario. Las reformas introducidas en los últimos años harán que este porcentaje baje al 59% en 2030 y al 56% en 2060, hasta acercarse a la media europea, que rondará a mediados de siglo el 40%.
  4. Apenas un 36% de los españoles tiene contratado un plan de pensiones.
  5. En 2050 habrá en España 217 personas con más de 70 años por cada 100 jóvenes menores de 20. La cifra se elevará a 249 en 2064. Y, con un ratio como éste, de 2,5 mayores por cada joven, no salen las cuentas.
  6. El pico de jubilaciones de los baby boomers (para algunos, los nacidos entre 1958 y 1977; para otros, sólo hasta 1964) llegará en 2042 con la incorporación de unos 723.000 potenciales pensionistas, lo que elevará el total a 15 millones, frente a los 8,7 millones actuales.
  7. En 1964, España alcanzó su máximo histórico de nacimientos, con cerca de 700.000 (697.697).
  8. El apetito consumista de esta generación ha impulsado el crecimiento global en las últimas décadas. ¿Qué ocurrirá cuando los  millennials –la generación nacida entre 1981 y 1995– envejezcan y no tengan suficiente renta disponible para repetir ese nivel de compras? Si sólo les interesan sus smart phones, ¿quién comprará lavadoras, microondas, coches, casas, seguros de vida? ¿Quién ahorrará?
  9. Los baby boomers han tenido carreras largas y sueldos altos, superiores a los de la generación anterior, por lo que su pensión teóricamente será más elevada que las de ahora. Pero si suben las cotizaciones –y parece que no va a quedar más remedio si se tiene en cuenta el actual estado de la Seguridad Social–, no sólo recibirán menos cuando se jubilen, sino que su salario empezará a reducirse.
  10. Vivieron su infancia y juventud en una época de rápido crecimiento económico y no están acostumbrados a ahorrar.

Como datos no están mal, ¿verdad? Ahí va alguno que me toca más de cerca: mi marido, que es baby boomer, trabaja en una multinacional desde hace más de 25 años y se niega a ahorrar. Yo, que soy de la Generación X, cuento con un modesto plan de pensiones en el que no invierto desde que cambió la fiscalidad. Tenemos casa en propiedad que pagaremos cuando él cumpla los 71 y yo, los 65. Vale bastante menos que cuando la compramos. No vamos a heredar. Tenemos confianza en nuestras habilidades, pero sabemos que la edad nos penaliza cada vez más en el mercado laboral a pesar de que es difícil encontrar profesionales con el nivel de conocimiento, experiencia y liderazgo de nuestra generación. Somos demasiado jóvenes para prejubilarnos. Nos toca preocuparnos al mismo tiempo de unos hijos que no acaban de despegarse y unos padres que aún tienen cuerda para rato. Hago una simulación de mi pensión y, en el hipotético caso de que tribute cinco años más y siga en el rango alto salarial, mis ingresos el día después de jubilarme a los 67 años (si no después) se reducirán un 62%. Es decir, que mi marido, yo, nuestros hermanos, amigos, primos, la generación más culta y rica de España,  la primera clase media de verdad que ha tenido este país, somos un problema.

En honor a la verdad, ya lo fuimos antes, cuando el boom demográfico llevó en 1983 a limitar por primera vez las plazas de ingreso en la Universidad. O cuando los que acabaron la carrera en los ochenta se encontraron con una tasa de paro juvenil similar a la actual, de más del 40%.  O cuando se pagó la novatada de las drogas y la Movida.

Pero en general somos gente maja, que da pocos problemas y aspira a poco más (y nada menos) que a un trabajo para toda la vida, un piso en propiedad, casarnos y tener hijos. Vacaciones en la playa, un viaje de vez en cuando, un pueblo en el que ser bien recibido y… una pensión cuando nos jubilemos. Por desgracia, algunas de estas premisas, sobre todo las que se refieren al trabajo y la pensión, están en riesgo y nadie parece demasiado preocupado por ello.

Me refiero a los políticos, claro. Pero también a mi marido, nuestros hermanos, amigos, primos… La mayoría no está tomando cartas en el asunto y ya es hora. Rebasamos los 40, nos acercamos –o hemos superado– los 50. Todo el mundo habla del futuro de nuestros hijos, pero nadie del nuestro. Ellos disfrutarán del pleno empleo cuando nosotros nos jubilemos, pero no van a generar los suficientes ingresos como para que nosotros disfrutemos de una pensión cómo la que esperábamos. ¿Por favor, puede alguien hacer algo al respecto?

En este momento, con agosto a la vuelta de la esquina y nuestros políticos enrocados en no negociar para formar Gobierno, no me atrevo a hacer peticiones sesudas. ¿Acaso alguien me iba a escuchar si abogase por un sistema mixto de pensiones por ley? ¿Por un sistema forzoso de capitalización con tres pilares en el que, además de la previsión del estado, se combinasen las cotizaciones de las empresas y el ahorro individual?

Lo sé, lo sé, lo sé. Las vías de actuación son pocas y complicadas, y exigen un debate amplio y consensuado. Por eso, a día de hoy, me conformo con que el Estado se conciencie de que ha de concienciar a los ciudadanos de la situación. Me valdrían incluso anuncios terroríficos de ancianitos con aspecto saludable que, lejos de poder comprar Actimel, no pueden pagar la luz. ¡Asústennos, por amor de Dios! Y, ya de paso, hagan algo más, si eso.

Lo dicho: necesito vacaciones. Nos vemos en septiembre.

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