París bien vale una solución global… ¡ya!

Enviado el 19 Noviembre, 2015 en Actualidad | Sin comentarios (aún)

París bien vale una solución global… ¡ya!

París. Consternación. ¿Terrorismo? ¿Guerra? ¿Grupo armado? ¿Estado? ¿Fronteras? Miramos a las autoridades en busca de guía. Poco. Nada. Se proponen medidas. Palabras antiguas para problemas nuevos. Discursos huecos. Elecciones. ¿Miedo? ¿A qué? ¿A quién? Vuelta a la normalidad. Business as usual.

Globalización. Aquella palabra que hace unos años nos sonaba grande y un tanto vacía se hizo realidad. Y trajo consigo multitud de ventajas, a las que nos hemos acostumbrado sin despeinarnos. Pero ha generado también grandes problemas, a veces tan dramáticos como lo ocurrido en París, a los que no estamos sabiendo responder. ¿Por qué? Porque los líderes políticos parecen haber hecho suya aquella máxima empresarial de think global, act local (piensa globalmente, actúa localmente) y buscan soluciones domésticas a los nuevos grandes problemas de la humanidad.

No vale. Es inútil. En una época histórica en la que nuestros dirigentes piensan más en pequeñito y más a corto plazo que nunca, el mundo necesita un verdadero liderazgo global. Quizá no tenga que venir de los políticos. A lo mejor debe hacerlo de la sociedad civil, de las empresas… O, mejor aún, de todos a la vez. Sólo así lograremos avanzar en los retos que nos acechan, las amenazas que pueden acabar con el mundo tal y como lo conocemos. Y son muchas (aunque ahí van solo unas pocas):

  • Las tensiones geopolíticas. Con París tan cerca de nuestros corazones, es inevitable que ocupe el primer lugar. François Hollande pide la cooperación de Europa. Hace falta mucho más que eso. ¿Quién está pensando más allá mientras el ISIS avanza posiciones? A Al Qaeda le costó medio millón de dólares derribar las Torres Gemelas. A Estados Unidos, 3,3 billones encontrar a Osama Bin Laden. Sin comentarios.
  • El cambio climático. Escasez de agua, abejas en peligro, contaminación en aumento… Desolador. París será también el escenario en el que los países se retraten dentro de unas semanas, en la reunión del COP 21. Ya no valen más excusas.
  • La pobreza y la desigualdad. Los más ricos –que cada vez son más ricos– explotan a los más débiles –que cada vez son más débiles– sin disimulo. Los recursos naturales con los que los segundos podrían ganarse la vida van desapareciendo a manos de los primeros. La educación que podría sacarles del agujero nunca acaba por aparecer. Las clases medias que podrían actuar de conciencia social pierden posiciones. Es un problema de todos.
  • La marginación, la discriminación, la falta de libertad. El 51% de los habitantes del Planeta vive reprimido, una gran parte de ellos mujeres. Insostenible.
  • Los movimientos migratorios. Ahora son los sirios, los marroquíes siempre, los venezolanos a veces… No vale mirar para otro lado. Nos necesitan. Y no sólo cuando muere un niño en una playa y hay un fotógrafo cerca.
  • El expolio del planeta y el problema energético. Crecimiento, crecimiento, crecimiento. Generamos más basura de lo que consumimos. No sabemos vivir sin acumular más. No hay modo de romper con el status quo. ¿O sí?

Vivimos un mundo en constante disrupción, que se mueve al borde del abismo. Y lo primero que debemos hacer es aceptarlo, reconocer que un solo país es impotente ante semejantes problemas. A partir de ahí es necesaria esa famosa unión que hace la fuerza, aunque a primera vista no ayude a suponer más votos de cara a las siguientes elecciones, sea donde sean. Cooperación. Colaboración. Unión de fuerzas. No más París. Ya.

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