¿Te entra pánico escénico cuando te enfrentas a un papel en blanco? Vas a ver como no es para tanto

Enviado el 24 Marzo, 2017 en Comunicación, Portada | Sin comentarios (aún)

¿Te entra pánico escénico cuando te enfrentas a un papel en blanco? Vas a ver como no es para tanto

A las personas que nos gusta escribir y tenemos facilidad para ello, nos maravilla que haya tanta gente a la que le cuesta un triunfo el mero hecho de ponerse a ello. Pero hay muchos a los que un papel en blanco que no sea el de la lista de la compra les da verdadero vértigo. Uno es mi amigo Javier: es el rey del Excel y no se achanta ante un PPT, pero lanzarse sobre el Word le aterra.

–Pero, ¿cómo lo haces? ¿Por dónde empiezas? ¿Cómo te las arreglas para no sonar aburrido?–, me pregunta, desesperado después de hora y media intentando empezar un informe.

Javier, va por ti: ahí van unas cuantas pistas para los que tienen que lanzarse a la piscina de la elaboración de contenidos y no saben por dónde empezar. Aviso a navegantes: no se trata de un post sobre cómo escribir mejor, sino de algunas pautas para superar el miedo escénico. Segundo aviso a navegantes: me voy a referir de manera muy general a todo tipo de contenidos; se trata de pistas válidas tanto para los escritos sencillos como para los más complejos.

Antes de empezar, hay que tener una estrategia. Se trate del tipo de escrito que se trate, desde un e-mail a nuestro jefe a un sesudo discurso ante nuestros compañeros de promoción, lo primero es hacernos una serie de preguntas básicas. La primera sería para qué lo hago y qué quiero conseguir. Nuestra intención puede ser influir, provocar una acción, crear valor, educar, informar, arrancar una sonrisa, agradar al jefe, ligarnos al de ventas… Detrás de todo escrito, igual que tras cada acción, siempre hay un objetivo y es importante tenerlo claro. Con él en mente, agarrar el boli o levantar la mano para aporrear el teclado ya no parece tan difícil.

Pensar en la audiencia. Ya sea una única persona o un grupo, conviene tenerlos presentes durante la elaboración del contenido. ¿Cuánto tiempo tienen para dedicarle a nuestro escrito o presentación? ¿Son formales o prefieren un estilo informal? Si apelo a sus emociones, ¿tendré más posibilidades de éxito? La pregunta sobre a quién me voy a dirigir es casi tan importante como el objetivo. Si estamos elaborando un plan de contenidos o escribiendo para una publicación recurrente (un blog, por ejemplo), tener un mapa de stakeholders ayuda (si os interesa, otro día hablamos de cómo hacerlo). Cuando escribo un artículo de opinión o una noticia para nuestros boletines internos incluso le pongo nombre y rasgos a mi posible lector. Hoy es fácil: tengo en mente a todos los javieres con aversión a escribir de este mundo mientras tecleo.

Los mensajes son la clave. Ya sé lo que busco y quién es mi interlocutor/es. Con ello en la cabeza, me dispongo a seleccionar entre todos mis pensamientos los mensajes que pueden ser más efectivos para conseguir mi objetivo. Un error muy común es intentar colar toda la información de la que disponemos caiga quien caiga, sin darnos cuenta de que las personas tenemos una capacidad limitada de absorber información. Por lo tanto, mejor quedarnos con dos o tres mensajes que bombardear con cientos. Así conseguiremos que nuestro interlocutor tenga claro lo que queremos transmitir. De lo contrario, sólo conseguiremos aturdirle.

Cuida el lenguaje, la ortografía, el estilo. Ya lo tenemos. Hemos dado con el quid de la cuestión y estamos satisfechos con lo que hemos escrito. Es el momento de revisar. ¿Ya está? Te equivocas. Vuelve a leerlo. ¿El lenguaje, la ortografía y el estilo son impecables? Prueba otra vez. ¿Ahora sí? Si el documento es realmente importante, déjalo reposar un poco antes de enviarlo. Si cuidamos tanto nuestro aspecto antes de salir de casa, ¿cómo es posible que no releamos los wassapps antes de mandarlos? ¿Cómo puede ser que nuestros tuits, destinados a que otros los lean y los difundan, tengan faltas de ortografía? ¿Es que no nos damos cuenta de que todo lo que escribimos afecta poderosamente a nuestra imagen? Un secreto a voces: cuanto más leamos, más calidad tendrán los contenidos que elaboremos. Pero esa es otra historia.

La importancia del titular o el asunto. Una de las cosas que nunca deja de maravillarme es hasta qué punto se desperdician los espacios más importantes de los escritos. ¿Por qué poner en el asunto de un e-mail “Reunión” cuando puedes resumir de qué va a tratar y el valor que tu interlocutor va a obtener si asiste? ¿Por qué no usar el espacio para titulares de las transparencias, que es el que más se ve, para la información más importante? Pruébalo. Verás como tus escritos tendrán más impacto que hasta ahora.

El momento adecuado. Ya está. Tu escrito es impecable y te sientes orgulloso de ti mismo. ¡Enhorabuena! Ahora dedica un minuto o dos a pensar en cuándo vas a hacérselo llegar al destinatario. No es lo mismo recibir un e-mail el viernes a última hora que el lunes a primera: ni nuestra actitud, ni nuestro estado de ánimo son iguales. Si tenemos la posibilidad de elegir el momento en que nuestro escrito va a ser enviado, hagámoslo a conciencia. Por ejemplo, todos sabemos el mal efecto que causa entregarlo todo sistemáticamente cuando está a punto de expirar el plazo.

Si incluso puedes elegir el canal… A veces no es el caso, pero otras muchas sí. ¿Tu jefe prefiere leer el informe en el ordenador o en papel? Si es de los segundos, déjaselo en la mesa impreso, aunque después se lo mandes por e-mail. Si tienes la posibilidad de difundir tus mensajes a través de canales amplificadores como las redes sociales, adelante. Cada detalle que rodea tu escrito habla de ti.

A primera vista puede parecer que siguiendo estas pautas vamos a tardar más que quedándonos un buen rato delante del papel en blanco, pero no es así. Una vez que activas el músculo e interiorizas los pasos todo debería ser bastante sencillo. ¿Me permites un último consejo? No le quites importancia a nada de lo que escribes. Si tratas todos tus textos con cariño, tus interlocutores te lo agradecerán, tu imagen mejorará y, ¿quién sabe qué vendrá después?

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