Un nuevo modelo social en el que ganen las personas y no los partidos

Enviado el 19 septiembre, 2015 en Actualidad | 2 comentarios

Alejandra tiene 28 años, dos carreras y habla cuatro idiomas. No tiene trabajo.

Fernando se licenció hace cuatro años en ADE y trabaja poniendo copas en un bar.

Alex también pone copas por las noches; durante el día intenta abrirse camino como cámara… sin cobrar.

Marisol ha cumplido los 34 y ha tenido que volver a casa de sus padres cuando su novio se ha quedado en paro. Quiere hijos, pero no ve el momento.

Vega no aparenta los 50, pero los tiene. Desde los 45, cuando el mundo laboral le escribió en la frente que era demasiado vieja, lleva reinventándose a sí misma. Su última aventura, una startup, ha quebrado.

Ramiro, al que todos considerábamos como el perfecto comercial, lleva tres años en paro y está a punto de tirar la toalla. Su mujer mantiene a la familia. Por lo menos tienen la hipoteca pagada.

Belén era –es– una súper banquera y una mujer brillante. Lleva cuatro años sin trabajar.

Las historias de Alejandra, Fernando, Alex, Marisol, Vega, Ramiro y Belén se confunden con las de tantas personas que pugnan por salir adelante en esta España nuestra. A ellos les dicen que pueden considerarse privilegiados porque tienen una red familiar que les sostiene, no han perdido su casa y no les falta para comer ni para tomarse una caña de vez en cuando con los amigos. Pero cada uno se enfrenta día a día a su propio drama personal: no tienen futuro en su país, nuestra España.

¿Suena dramático? Lo es. Un país en el que los de 20 no son capaces de encontrar su primer trabajo, los de 30 no pueden aspirar ni a la mitad de aquello que se les dijo que iban a tener y los de más de 45 se van quedando fuera del mercado laboral mientras la edad de jubilación se aleja es un país que no está haciendo las cosas bien. Y esto quiere decir que es urgente un cambio de modelo que garantice que las próximas generaciones tendrán un porvenir.

Lo curioso es que, a punto de entrar en la campaña electoral más emocionante de los últimos años, nuestros políticos no parecen preocupados por ello. Los que tienen responsabilidad de gobierno buscan frenar el paro con las mismas fórmulas de siempre, ladrillo, sol y playa, mientras se les llena la boca con la necesidad de más industria y más tecnología, pero sin invertir en ello. Los recién llegados a los ayuntamientos y comunidades autónomas ponen el acento en la lucha contra la pobreza y los desahucios, lo que es sin duda loable; pero siguen apostando todas sus cartas a un Papá Estado que, nos pongamos como nos pongamos, se empobrece progresivamente. La oposición de siempre le echa la culpa de todos los males al Gobierno en el poder sin dar soluciones alternativas que no pasen por las recetas habituales, ensayadas hasta la saciedad. Y los que vienen nos vuelven a hablar de lo que a su juicio se debería hacer a corto plazo. Porque el largo plazo en política hace mucho tiempo que ha dejado de existir.

Así las cosas, si de cara a las próximas elecciones algún partido se comprometiese a abrir el debate y se marcase una hoja de ruta hacia un nuevo modelo social, yo estaría más que encantada de votarlo el próximo diciembre. Sólo pediría un ingrediente fundamental: que la educación estuviese desde el minuto uno en el centro de la discusión. ¿Por qué? Porque o nos tomamos en serio el hecho de que nuestro modelo educativo está obsoleto en casi todas sus facetas –desde la inadecuada formación de los profesores y la endogamia de la universidad, a la financiación de los colegios y el divorcio universidad y empresa– o nunca seremos capaces de avanzar.

Por desgracia, esto no va a pasar. En primer lugar, porque los ciudadanos no percibimos el problema en toda su magnitud. En un sondeo del CIS de hace dos años, un cuarto de los encuestados contestó que lo importante para tener éxito es estar bien relacionado o venir de una familia con dinero, frente a otras variables como estudiar o esforzarse mucho. Con esos mimbres, es difícil que en las encuestas preelectorales la educación aparezca como problema prioritario para los españoles. Y, si no está ahí, no va a llegar a los programas de los políticos.

Descartada esta vía, podrían ser los medios, los intelectuales o la sociedad civil los que impulsaran el debate. Sin embargo, todos vivimos tan centrados en el corto plazo y tenemos tantos problemas que no hay manera.

Quizá por eso leo con entusiasmo las reflexiones de Eduardo Punset en su libro El viaje a la vida. Más intuición y menos Estado. En él describe algunas claves que están configurando nuestro presente y que definirán nuestro futuro, basándose –como es habitual en él– en aportaciones no sólo intelectuales, sino también científicas. Considera que caminamos hacia un mundo en el que la persona, con mayúsculas, ocupará el centro, mientras el Estado pierde peso. Un mundo en el que a todos nos harán falta nuevas aptitudes (como son mejorar la concentración de nuestra atención, saber trabajar en equipo, dominar la comunicación digital, resolver problemas a través de nuevos paradigmas y aprender a desaprender), que adquiriremos a través de nuevas formas de aprendizaje.

Punset contempla un futuro en el que la felicidad a través del trabajo llegue profundizando en el elemento de cada cual, entendido como aquello que de verdad nos gusta y nos hace soñar. También opina que la sociedad evolucionará de modo que aprenderemos a cuidar de nosotros mismos sin la interesada intervención de los poderes fácticos. Y que recuperaremos el valor de la intuición como fuente de conocimiento primordial (de ahí el título del libro).

Conociendo a Alejandra, Fernando, Alex, Marisol, Vega, Ramiro y Belén, estoy casi segura de que firmarían por un futuro tejido con estos mimbres y todo lo que lleva aparejado. Un futuro en el que un sistema educativo y un mercado laboral como los nuestros no tendrían cabida. Personalmente, yo también firmo. En un mundo así el hecho de votar a uno u otro partido tendría mucha menos importancia porque hablamos del triunfo del individuo frente a la tiranía de la política. ¿Creéis que lo veremos?

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2 Comentarios

  1. Querida Sonia

    No puedo estar más de acuerdo. Te va a encantar leer more human de Steven hilton… o a lee kuan yew

    O abordamos ya una revolución en la educación o habremos condenado nuestro futuro!!

    Una vez instruidos el sistema político será más fácil cambiarlo de arriba a abajo.

    Un fuerte abrazo

    • Mil gracias! Seguiré tu consejo, Eduardo.

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