Yo también estudié en el Pilar

Enviado el 27 Octubre, 2015 en Actualidad | Sin comentarios (aún)

Yo también estudié en el Pilar

El Colegio del Pilar. Con un programa de tan poco sugerente título, Jordi Évole consiguió el domingo un nuevo éxito, con un 12,8% de cuota de pantalla. Guau. Más de 2,5 millones de españoles decidieron escuchar lo que el inefable presentador lograba sacarles a los más famosos Pilaristas. Guau.

Confieso que yo fui uno de ellos. Cuando me senté delante de la tele, no las tenía todas conmigo. Y quedé gratamente sorprendida: Évole logró demostrar lo que buscaba (hasta qué punto el colegio ha estado imbricado con las élites de nuestro país) con un tono elegante y respetuoso. Como diciendo “mis espectadores son los suficientemente inteligentes para sacar sus propias conclusiones sin necesidad de que yo entre en juicios”. Bien por él.

Y lo hicieron. Mientras Luis Alberto de Cuenca, Fernando Schwartz, Antonio Garrigues Walker, Javier Rupérez, Juan Luis Cebrián, Luis María Anson o Fernando Sánchez Dragó, entre otros muchos, relataban su experiencia en el colegio, las redes sociales iban tejiendo su propio juicio. Los Pilaristas nos hablaron, con sinceridad aparente, de aquel Madrid de los cincuenta y los sesenta en que las familias bien del Barrio de Salamanca llevaban a sus hijos al Pilar, convencidas de que era la mejor educación que les podían ofrecer. Y, de paso, para que hiciesen pandilla con los llamados a ostentar el poder en nuestra España. No en vano se ha calificado al Pilar como el colegio en el que “se encontraban los que se tenían que encontrar”. Pueden dar fe de ello muchos de los Pilaristas no entrevistados por Évole, como José María Aznar, Alfredo Pérez Rubalcaba, José Ignacio Wert, Jaime Lissavetzky, Javier Solana, Juan Villalonga o Miguel Blesa.

Ninguno de los que habló eludió el tema: haber estudiado en el Pilar genera un cierto orgullo –alguno lo llamó incluso cierto aire de superioridad–. Comentaron que, en aquellos años, se daba casi por sentado que los alumnos iban a triunfar. Y no rehuyeron el espinoso asunto del amiguismo. Garrigues Walker aseguró que a lo largo de su vida han sido muchos los Pilaristas que han acudido a él buscando ayuda. Y siempre que ha podido, se la ha dado.

Pero, ¿no se la daríamos cualquiera de nosotros a un antiguo amigo que vino con nosotros al colegio? Sí y no. Como dijo alguno de los entrevistados, al menos si la persona que te pide ayuda ha estudiado en el Pilar, se puede contar con que su educación, su nivel de estudios, es impecable.

¿Amiguismo? Probablemente. Y eso fue lo que provocó más comentarios en redes sociales. A medida que transcurría el programa, se sucedían los tuits (a menudo, un tanto predecibles):

-Vimos en #elcolegiodelpilar como los hijos de franquistas pasaban a dirigir la democracia.

– Sanchez Dragó dice que sólo había listos en el cole, todo el mundo sabe que no hay tontos de derechas #ElColegioDelPilar.

#ElColegioDelPilar los apellidos pesan y los contactos son y serán los contactos.

-Y si tienes dinero… lo puedes todo. @jordievole #ElColegioDelPilar

Independientemente del hecho de que el Pilar haya dado innumerables personalidades públicas y que el ascenso de los compañeros de pupitre de Aznar haya puesto al colegio en la picota para siempre, no hay nada extraño en todo esto. Ni siquiera es exclusivo del Pilar o de España, aunque en este país ni siquiera nos molestemos en disimular el dedazo. No. No es más que el Síndrome del Hombre Blanco. Él es de mediana edad, viste traje oscuro, corbata de Loewe o Hermes, camisa con sus iniciales y calza castellanos. Puede haber estudiado en el Pilar, sí, pero también en el Maravillas, ICADE o el ICAI, Harvard o Princeton, y tiene un MBA. Juega al golf, caza, esquía y/o navega. Él es el que manda. Él es el que ficha. Y, como es lógico, se siente a gusto con otros hombres que visten igual que él, han estudiado en los mismos colegios y han aprendido a gestionar en los mismos sitios. Si un candidato de este selecto club se presenta a un puesto y su rival es una mujer (por muy Pilarista que sea), un inmigrante o un ex alumno de un colegio público con zapatos de plástico, a méritos similares, no es difícil adivinar quién pasa la criba. Porque los que deciden se sienten más cómodos con sus pares, buscan rodearse de comportamientos predecibles, evitan las sorpresas. Es lo que ha venido ocurriendo en el mundo de la política y la empresa por los siglos de los siglos. Por eso las élites se perpetúan.

¿Es injusto? Sí. ¿Es fácil de cambiar? No. Para hacerlo, habría que modificar nuestra idiosincrasia, desde siempre muy tolerante con este tipo de asuntos. Porque, ¿quién no ha puesto la casa patas arriba en busca de contactos que coloquen a sus hijos? ¿Acaso está mal visto haber conseguido algo por enchufe? Es probable que una parte de la solución exija medidas drásticas, como las cuotas (pero éste es otro espinoso debate).

Yo estudié BUP y COU en el Pilar. No en el Pilar puro, Nuestra Señora del Pilar (conocido también como el Pilar de Castelló), que en mi época sólo admitía mujeres en COU. Sino en el otro, Santa María del Pilar (el Pilar de Niño Jesús), que era mixto desde Primero de BUP y que no existía aún cuando estudiaron la mayoría de los entrevistados por Évole. No lo pone en mi currículum, nunca se me ha ocurrido alardear de ello y, mucho menos, recurrir a un Pilarista en busca de trabajo. Eso sí, soy muy consciente del sacrificio que hicieron mis padres para que yo recibiese una buena educación y estoy segura de que es la mejor herencia que me pudieron dejar. Por eso, lo que más me gustó del programa de Évole fue el orgullo y la naturalidad con la que hablaron los entrevistados. ¿O acaso deberían avergonzarse?

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