Tía, quiero estudiar Periodismo. ¡¡¡Noooooo!!!
–Tía, ¿qué te parece si estudio Periodismo? Así tú me podrás ayudar a colocarme–, me dice mi sobrina de 15 años.
¡¡¡¡¡Nooooooo!!!!! Lo que me pide el cuerpo es lanzarme sobre ella a cámara lenta gritando, como en una mala peli de acción. ¿Qué le digo? ¿Qué el mercado está lleno de profesionales con una vocación desbordante, una formación deslumbrante y un sueldo vergonzoso? ¿Qué mis contactos le pueden abrir la primera puerta, pero que es probable que, por muy bien que lo haga, no pase de mileurista? ¿O que siga su corazón con independencia de las perspectivas?
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