La nota de prensa ha muerto, ¡viva la nota de prensa!
Ya hace ocho años. Llegaba por las mañanas a la redacción, encendía el ordenador, abría el e-mail y ¡pum! Un sinfín de notas de prensa de empresas, empresitas, asociaciones de vecinos, de personas que conocía vagamente o jamás llegaría a conocer me asaltaban. Como redactora, las miraba con desgana, pero las leía en diagonal por si hubiese alguna pista para mi historia del día o algún indicio del que tirar en el futuro. Como redactora jefe, me limitaba a escanearlas con los ojos por si necesitaba rellenar algún hueco de urgencia al final del día. Como directora, las ignoraba: si se trataba de algo importante, ya me lo contaría alguien de la redacción.
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